Lo primero que conviene aclarar es que ninguna personalidad es mejor que la otra. Ambas tienen aspectos positivos y negativos. La clave  es aprender a sentirse cómodo tal y como somos, y no querer jugar a ser otra persona, y mucho menos para agradar. Esto sólo nos generará estrés y frustración, ya que nadie puede pasarse las 24 horas del día actuando.

1. Los estímulos externos: nuestra forma de reaccionar a estos estímulos externos denotara a primera vista, si somos introvertidos o extrovertidos. En este caso es algo que se puede observar desde muy pequeños. Cuando vemos la diferente reacción en los bebes que lloran y se excitan al oir sonar el teléfono o cuando se sienten rodeados de mucha gente haciendo ruido. Por el contario los bebes más extrovertidos reacción con sonrisas y se sienten más cómodos.

2. Cargando las pilas: los extrovertidos necesitamos nuestro tiempo y nuestro espacio. Es nuestra manera de cargar pilas después de pasar un día agotador en el colegio o en el trabajo. Ese rato que te dedicas a ti mismo mientras lees o simplemente escuchas música, es tu manera de retomar fuerzas. Mientras que los extrovertidos cargan sus pilas, en fiestas, reuniones o socializando con sus amigos.

3. Circulo de amistad: acabamos de referirnos a como los extrovertidos cargan sus pilas en fiestas o saliendo con amigos. Esto no significa ni mucho menos que los extrovertidos seamos antisociables, o que no tengamos amigos. Pero sí hace referencia a que gestionamos de manera distinta nuestras amistades. Necesitamos más tiempo para afianzarlas y nuestro grupo de verdaderos amigos no suele ser de más de 2 o 3 personas. Los cuales no tienen por qué ser introvertidos, es más es bastante probable que sean extrovertidos, como ocurre muchas veces con nuestras parejas. Lo importante en ambos casos es saber entender y respetar las necesidades de cada uno.

4. El filósofo interno: a menudo nos ha pasado a todos. Nos quedamos como coloquialmente se dice, colgados en nuestros pensamientos. Esto nos puede suceder cuando nos encontramos solos. Pero también cuando estamos con más gente y la conversación nos aburre. No es nada malo, y tampoco es que seamos más distraídos, sino todo lo contrario. Los introvertidos tenemos un poder de concentración más alto que los extrovertidos. Simplemente tenemos un fuerte dialogo interno, casi constante. Lo que hace que nuestra personalidad se denomine cariñosamente como la del filósofo o inventor.

A los extrovertidos les sucede todo lo contrario. Son personas de acción, que se sienten más cómodas realizando tareas que requieren poca concentración y mucho movimiento. Esto es importante a la hora de decidir nuestro futuro profesional. Desde luego podemos realizar cualquier trabajo. Pero en algunos casos sentiremos que nuestro trabajo nos va como un guante y otros que nos dejaran psicológicamente agotados.

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